La tremenda racionalidad sueca


El salar de Uyuni, en le altiplano de Bolivia. Foto: David ISaksosn

Declaro que me gustan los estados laicos, dudo de los juramentos con la mano sobre la Biblia, el Corán o el Torá. Al mismo tiempo, cuando miraba el cielo del altiplano boliviano, mi pequeñez se hacía evidente, escribe Carlos Decker-Molina en esta reflexión sobre la espiritualidad y la vida sueca.

Declaro que no soy creyente, pero le tengo un respeto profundo a los amigos que lo son, siempre y cuando no quieran catequizarme. Aprovecho para agradecer a los amigos (hombres y mujeres) que dicen que oran por mi o que me envían imágenes religiosas, comprendo su estima y cariño y por eso les agradezco, a pesar de mi agnosticismo.

Declaro que me gustan los estados laicos, dudo de los juramentos con la mano sobre la Biblia, el Corán o el Torá. Y, sobre todo desconfío de los políticos que usan la absolución como si delinquir y robar fueran pecados veniales. 

Hubo tiempo en que no ser creyente era sinónimo de comunista, aunque en honor a la verdad conocí muchos que pedían ayuda de la Virgen del Socavón o a la del Carmen cuando los esbirros los torturaban. Con el pasar de los años descubrí ateos y agnósticos anticomunistas. 

Sin embargo de esta declaración de principios suelo dialogar con mis muertos más queridos porque están cerca de mí, moran en mi cerebro. Basta un pequeño recuerdo para que aparezcan en mi mente y comience el diálogo. 

Suelo quedar “espiritualizado” cuando escucho la Heroica de Beethoven. Sinfonía que nace de una profunda crisis existencial; Beethoven estaba deprimido por sus problemas de salud y su sordera, que lo llevó a cuestionarse su futuro en la música y – se dice – que sopesó un suicidio. 

Cuando miraba el cielo del altiplano boliviano ausente de nubes y tachonado de estrellas, mi pequeñez se hacía evidente. Lo mismo me pasó en aquel viaje en barco desde Génova hasta Buenos Aires, contemplé el océano y de pronto me convertí en una partícula sin necesidad de matices místicos ni religiosos sino porque la realidad se imponía. 

Estos tres ejemplos de “mi espiritualidad” no son sobrenaturales son absolutamente reales, pues el hombre es parte de algo más grande que para mi es parte vital de la filosofía de la vida, lo interesante es que en esa filosofía no tiene dogmas, ni seres supremos, no hay culpas, ni miedos por ningún infierno. Una filosofía que enseña que se nace para morir, así de simple.

Haciendo cola con paciencia estilo sueco. Foto: Alexanderstock23 / Shutterstock.com

Tuve la suerte de caer en Suecia, un país que se convirtió en mi residencia permanente, llamó suerte porque de alguna manera nunca fue mi primera elección, me habría gustado retornar a la Francia cartesiana, pero luego de cerca a 50 años en Estocolmo me considero parte de la ciudad y entiendo el carácter sueco tan difícil de comprender para algunos, que suelen explicarse por la llamada reducción al absurdo que en realidad es una fórmula matemática.  Es decir: “Los suecos son fríos”. “Se suicidan con frecuencia”. “Viveny mueren solos”.

Las tres afirmaciones esconden, como toda aseveración, un poco de verdad y otra de fantasía. Cito el lugar de mi residencia porque me ayudó a acentuar mi descreimiento religioso y acentuar mi racionalidad. 

Me crie en un hogar poco religioso. La abuela era la única con sus rezos en voz alta como para asegurarse de que la escuchaban.  En esas condiciones fue fácil mi tránsito al descreimiento religioso.  Ya en Estocolmo fue fácil olvidar lo poco que recordaba de los rezos de la abuela, incluidas las tradiciones como la ch’alla del martes de carnaval. Algunos me acusaran de haber dejado de ser boliviano porque para mí la Pachamama no tiene la connotación mística sino la real. 

En Suecia la religión se refugia en el estricto ámbito privado. La inmigración trajo consigo más católicos y musulmanes. La Sinagoga existe desde hace muchos años, como parte del paisaje arquitectónico y sus feligreses son parte de la sociedad. Lo que quiero significar es que el estado laico no prohíbe el ejercicio de la religión y menos en este país donde hay libertad de credos. Incluso la radio nacional transmite la misa de los domingos y tiene espacios para musulmanes, católicos y judíos. Lo que no permite es que la religión se meta en los asuntos del estado.
La religión ha sido sustituida por el conocimiento y la razón. 

El conocimiento nos dice claramente que se nace para vivir y luego morir. Y, es la razón la que señala que se puede prolongar la vida, pero no evitar la muerte. 

En tiempos de pandemia que son sinónimo se falta de seguridad y de muerte las sociedades o conglomerados humanos suelen buscar respuestas religiosas. No en Suecia, hay algunos, pero son muy pocos. 

Las últimas encuestas en Suecia sobre la estrategia de la Autoridad de Salud Pública (ASP) que tiene muchas críticas sobre todo en el exterior, señalan un apoyo de 63 por ciento, un 12 por ciento no tiene opinión y el 10 por ciento piensa que debió darse más apoyo a la economía, el 15 por ciento restante es crítico. 

Las explicaciones que ofrece la ASP tienen esa arista científica, matemática propia de expertos. Es para algunos “la extrema racionalidad sueca”. 

Pero … ¿qué es la racionalidad?

La racionalidad científica es la racionalidad de la ciencia empírica. Esto nos permite subrayar la diferencia entre racionalidad científica y racionalismo. El racionalismo es la confianza exagerada, ilimitada, en la infalibilidad de la razón o de la intuición, o de las ideas claras y distintas. La palabra razón es sumamente polisémica. Hereda los múltiples significados de los vocablos griegos que luego se traducen al latín con una sola palabra: Ratio. Cuando discutí con un colega sueco sobre la racionalidad sueca, me dijo: 

– Si dejamos esto (la pandemia) sólo a los políticos es como dejar en manos de los sacerdotes. El margen de error es siempre menor si se deja en manos del conocimiento (expertos).

– ¿No es confiar extra limitadamente en la infalibilidad de la razón?

– Sí, probablemente, pero la racionalidad que observamos es científica que no es lo mismo que el racionalismo al que tú te refieres. La razón científica se equivoca, pero su margen de error es siempre menor.

– Y … ¿los muertos?

– Hoy parecen demasiados, no sabemos que pasará con la segunda ola en los países que estuvieron cerrados. Volvamos al racionalismo científico, que explica que el periodo de peligro no ha pasado y por eso no podemos hacer evaluaciones. Además, el conteo es diferente en cada país, no hay una sola forma de contar lo que no permite hacer comparaciones, los que hacen están forzando una realidad subjetiva.

– ¿Realidad subjetiva?

– Si, claro. Existen dos conceptos que muestran el universo emocional de un ser humano y es la llamada realidad subjetiva.

– ¿Quieres decir que se están dejando llevar por las emociones?

– Sí.

Carlos Decker-Molina

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