El retorno a las tribus en los tiempos líquidos


Illustración: Shutterstock.

Opinión. El retorno al separatismo se explica a través de las leyes de Jim Crow que fueron eliminada en 1956; la consigna decía: Separados pero iguales (“Separate but equal”) El nuevo separatismo ha modificado la consigna, hoy se dice “separados por lo tanto iguales” (separate therefore equal).

¿Qué diría Rosa Parks que el 1 de diciembre de 1955 no dejó el asiento del bus destinado a los blancos, en actitud de rebeldía igualitaria? Se pregunta Carlos Decker-Molina en esta ensayo polémico.

Lo que voy a relatar no es una novela, pero bien podría serlo El rol principal está a cargo de Amanda Gorman, una poeta de la que poco o nada se sabía hasta el 20 de enero, cuando recitó el poema The hill we climb en el acto de posesión del presidente de Joe Biden. 

¿Quién es? ¡Que vehemencia! ¡Qué texto estupendo! ¡Hay que traducirla! 

Amanda Gorman nació en Los Ángeles en 1998, la educó una madre sola, estudió en Harvard, fue laureada como poeta en 2017. Tiene una cercanía al español, ya que estudió a Federico Garcia Lorca durante 2019 en España. Pero, sobre todo es una activista e los derechos de la mujer y del movimiento antirracista. Para quienes miran sus atributos externos a la Gorman le gusta vestir en Prada; el abrigo amarillo, contrastando con el color de su piel que utilizó el día de la lectura de su poema que la hizo famosa mundialmente, fue cuidadosamente elegido.

The Hill we climb es un poema de 723 versos y tiene un prefacio de Oprah Winfrey.

Las traducciones
Al español lo está haciendo Nuria Barrios, que también es escritora. Su poema La luz de la dinamorecibió el premio Iberoamericano de poesía Hermanos Machado. Nuria Barrios es traductora entre otros del escritor irlandés John Banville.

Al sueco lo hará el poeta Jason Michael Bosak Diakité, muy conocido por ser cantante de Hip-hop. Diakité de padre afroamericano y madre sueca. Hasta aquí es un texto informativo, pero nos sirve para entrar en otra dimensión, la del surrealismo o lo que está más allá de la realidad. 

El surrealismo
El personaje principal de este nuevo capítulo es Janice Deul, activista cultural y periodista holandesa. En las redes sociales (el bar de la esquina según Umberto Eco) criticó a Marieke Lucas Rijneveld, escritora que ganó el Booker International con La inquietud de la noche, por haber sido elegida la traductora de la Gorman. Fue a sugerencia de la misma Amanda Gorman que la editorial Meulenhoff, eligió a Marieke Lucas Rijneveld como traductora. Deul en su crítica sostiene que “debería haberse elegido a  una traductora que fuera joven, mujer y, sin duda, negra”. Luego afirma: la de Rijneveld “es una elección incomprensible”.

La aludida por la crítica, de género fluido y blanca, renunció a traducir. “Estoy impactada por el escándalo en torno a mi participación en la traducción al holandés de la obra de Amanda Gorman, y comprendo a la gente que se siente herida por la decisión de Meulenhoff de elegirme”.

El surrealismo continua: La editorial Meulenhoff prometió que empezaría a buscar a una traductora de “origen afroamericano”. El absurdo es contagioso. Víctor Obiols dijo que se retiraba como traductor al catalán de la poesía de la Gorman. Tras el torbellino en Holanda los agentes de la poeta estadounidense están buscando una traductora “con perfil de activista y de origen afroamericano”. Víctor Obiols no es mujer, no es afroamericano, aunque sí activista.

Hasta aquí la historia puede causar hilaridad, extrañeza o simplemente un levantar de hombros diciendo: ¿qué es esto? ¿están locos?

Con los traductores
Yvonne Blank que es una traductora de mucho prestigio en Suecia (Tradujo a Enrique Vila Matas, Roberto Bolaño y otros), sostiene que la dimensión humana de la literatura es la capacidad de sentir como el Otro, “como traductora uno debe entrar en la piel de los protagonistas de la obra que se está traduciendo, de la misma manera que el autor lo hizo cuando los estaba creando”.

Isabel García Adánez, premio español de Traducción 2020 (su especialidad es el alemán) responde a un reportero español: “Yo he traducido obras de señores mayores, homosexuales e hipocondriacos y no soy ninguna de esas cosas”.

Yvonne corrobora: “He traducido a un joven de Angolanegro y a pesar de ser mayor que él, blanca, sueca, mujer y nunca haber estado en Angola. También he traducido a una cubana, negra, radicada en Paris y a una “latina” que vive en Boston”.

Mercedes Cebrián en un diario español, hace un paralelo entre “el caso de Holanda” y la serie televisiva Black Mirror. “Podemos llegar a casos delirantes como que los judíos solo pueden ser traducidos por judíos. Estas cosas no benefician a nadie más que a un puritanismo enloquecido”.

Cuando pregunto a Yvonne Blank sobre el género o color de la piel de los autores que traduce me dice: “Una traducción necesita de un trabajo paralelo de investigación, algunas veces acudo a quienes como tú pueden ayudarme con algún bolivianismo o alguna escena que no entiendo en algún lugar remoto de América latina. En tanto que el género, el color de la piel, la inclinación sexual del autor no tiene relevancia”. Y, la traductora me da un ejemplo muy ilustrativo: “Traduje un libro de jóvenes latinas estadounidenses que boxean. Me vi en la necesidad de tener un contacto continuo con un club de box en Estocolmo, porque es un deporte totalmente extraño para mí. Aprendí muchísimo y la traducción salió muy bien a pesar de que no soy latina/estadounidense y tampoco boxeadora”. 

Este surrealismo es un poco escalofriante porque está sucediendo ahora, no solo en la literatura sino en las artes en general. 

Arremetieron contra Madame Bovary por “glorificación del adulterio”. Un grupo de mujeres estadounidenses intentó (quizá lo consiguieron) sacar la novela de Flaubert de las bibliotecas.  Ya en 1857 hubo un intento de meter a la cárcel a Flaubert. Salió ileso. Las censoras de hoy están retornando a esos viejos arbitrios. 

Pero, volvamos a la historia principal. Yvonne Blank lamenta lo que está pasando con el caso de Amanda Gorman y piensa que ese tipo de acciones “puritanas” son más bien favorables a los racistas que siempre “intentan separar a la humanidad”.  Isabel Garcia Adánez sostiene ”refleja mucha estrechez de miras y queriendo poner en valor una reivindicación que no es literaria sino más bien identitaria, lo que es tirar piedras sobre su tejado porque menoscaba su propia obra”.

¿De dónde surgen estas ideas?
Esta manera de interpretar la realidad nació en las universidades estadounidenses. Una testigo dice “En las universidades privadas los alumnos se han convertido en clientes, pagan mucho dinero para educarse y la regla comercial se cumple: “los clientes tienen siempre la razón”. Y, cita un ejemplo: “Una de esas estudiantes se opuso a que una blanca diera clases sobre literatura escritas por mujeres afroamericanas”.

O las fiestas de graduación que organizan estas universidades: Fiestas de grado para negros, separados los latinxs (escribo una palabra inexistente, pero, copio la escritura inclusiva para fines informativos) y otra fiesta para LGBTIQIA+

De las universidades yanquis surge el apartheid del postmodernismo que saltó a todas las  arenas culturales rompiendo sus fronteras y llegando con su influencia a las etnias.  Los actores que hacían doblajes y ponían voz a los personajes “racializados” de Los Simpson perdieron su trabajo por carecer de las señas de identidad correctas.

La teoría de la apropiación cultural es otro componente de este nuevo cuerpo teórico. Un ejemplo para entender. Dana Schutz, una artista blanca de mucho prestigio pintó la imagen tomada de un retrato de Emmet Till. A los 14 años fue asesinado por tres jóvenes blancos en Misisipi de 1955 por haber hablado con una mujer blanca, esposa de uno de los asesinos. 

La fotografía de Till desollado en su ataúd sirvió de espoleta al movimiento por los Derechos Civiles de aquel entonces. A Dana Schutz se le ocurrió tomar la foto como inspiración para un lienzo como forma de apoyar la nueva lucha por derechos civiles insatisfechos. Fue atacada inmediatamente por los gendarmes de la corrección política. La denunciaron de “confiscación del dolor negro a manos de una blanquita”.

No hay datos cuándo y dónde comenzó esta locura, pero, en Cornell University a finales de los 90’ estalló un debate. A diferencia del Movimiento de los Derechos Civiles que luchó por incorporar a jóvenes negros a las escuelas, colegios y universidades a la par de los blancos, los militantes de la racificación postulan la separación. “Tenemos derechos  a nuestro propio espacio que no sea el espacio de los blancos”

Esas ideas separatistas no pueden conjugar con las de igualdad que fueron sembradas, a su turno, por el liberalismo y el socialismo. Quizá el año claves es 1989, cuando estas minorías quedaron huérfanas de ideología, solían militar en las filas del liberalismo o el socialismo. Ahí nacían las ideas de la igualdad ciudadana. Los teóricos de la racificación dicen que fue naif suponer la existencia de la igualdad en esas agrupaciones políticas que “ocultaban las desigualdades existentes en su interior y perpetuaban la supremacía blanca”

El retorno al separatismo se explica a través de las leyes de Jim Crow de 1876 que fueron eliminada en 1956; la consigna decía: Separados pero iguales (“Separate but equal”) El problema es que ni separados ni juntos los negros fueron tratados como iguales por la sociedad blanca. 

El nuevo separatismo ha modificado la consigna, hoy se dice “separados por lo tanto iguales” (separate therefore equal). ¿Qué diría Rosa Parks que el 1 de diciembre de 1955 no dejó el asiento del bus destinado a los blancos, en actitud de rebeldía igualitaria?

Los absurdos se copian con facilidad. En Suecia ya se dice y escribe: Los que no han sufrido racismo en carne propia tampoco pueden expresarse sobre el tema” (De som inte själva har upplevt rasism ska inte heller få uttala sig).  En otros lugares esta teoría es la base para la revolución de las identidades étnicas. 

¿Tiempos líquidos?
Se puede observar que en el último tiempo hay una tendencia a la legitimación de comunidades de acuerdo con sus gustos, inclinaciones e intereses (estos últimos pueden ser étnicos). Esta tendencia desarrolla círculos tribales o comunidades de mujeres, homosexuales, transexuales, indígenas, etc. Lo que olvidan quienes propenden al separatismo es que “los vínculos sociales se caracterizan por su flexibilidad y capacidad de cambiar de forma, se ajustan de acuerdo a la situación y al contexto”

Vale la pena recordar a Sartre que consideraba que el estar entre los demás es un a priori de la condición humana. Ya Kant planteaba, tal vez con dejo paternalista, “el derecho a la ciudadanía mundial”.

Más simplemente, no hay que olvidar el principio de reconocer al Otro en el proceso de formación del Nosotros. Y, ese proceso no se logra aplicando la teoría de la separación o la fragmentación. Puede que no sea fácil aceptar que el Otro es igual que YO en tanto ese Otro pudiera ser Yo. Intentar resolver ese entuerto es mejor que separar(nos) y convertir a la sociedad en un mosaico de identidades protegidas por las fronteras de la corrección política.

El comienzo o el final está en la comprensión del Otro. Trae muchos problemas, por eso el facilismo señala que “todos somos iguales”, cuando en realidad somos distintos. Si algo nos iguala es que tenemos los mismos derechos y las mismas obligaciones, de ahí la importancia de que el poder judicial sea independiente de los movimientos pendulares u horizontales del acontecer político.

El resentimiento hacia el Otro
En Europa el nacionalismo, la manera política de separarse, ha convertido a Polonia y Hungría en sitios con gobiernos autoritarios; para proceder, necesitan un poder judicial dependiente que castigue la otredad, ésta sea sexual o étnica (no aceptan ningún tipo de inmigración). Hungría concede bonos a las familias “húngaras” más procreativas. En América latina ese autoritarismo lo ejerce la llamada izquierda del siglo XXI. 

Hace días leí que los países polarizados por la política, ya sea Estados Unidos o Bolivia, debieran pensar en sus propios espacios. Es decir, dentro del espacio geográfico de Bolivia estará el país de los indígenas separado del país de los otros. Cuando lo revolucionario seria encontrarse en un punto medio cediendo y obteniendo. Aquí podría aplicarse la metáfora del cóndor con el equilibrio de sus alas (la derecha y la izquierda). Probablemente el autor de la metáfora se refirió al cóndor que pertenece sólo a los indígenas o a su partido, pero, en la realidad  ni en el medio indígena ni en el partido del autor de la metáfora hay unidad étnica ni de intereses y tampoco ideológica.   

El resentimiento hacia el Otro es una de las causas de la PRIVATIZACIÓN del espacio (del lugar) y un retorno a las ciudades (espacios o lugares) medievales con sus murallas y portones. Lamentablemente la pandemia, las teorías de la conspiración, el victimismo y la demagogia nos están conduciendo a una nueva sociedad distópica dividida por cientos de muros que separan blancos de negros, indígenas de mestizos, mujeres de hombres, homosexuales de heterosexuales y otras variantes respetables. 

Lo doloroso es la traición de los intelectuales, que ni siquiera comentan que uno de los mayores legados de la Ilustración es el potencial del humano a comprenderse a pesar de las diferencias. No es posible sustituir la lucha de clases con la lucha entre minorías-mayorías, que son líquidas porque hay personas en el medio, siempre las hubo y las habrá. 

En cambio, la intelectualidad que se reclama de izquierda ofrece cheques en blanco, venden identidades lastimeras y frases que sirven sólo para encontrar pruebas que reafirmen el propio victimismo y no el conocimiento que ayude a cambiar destinos, cuando menos a mejorarlos en lugar de perpetuar las tradiciones identitarias. 

Carlos Decker-Molina

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