Viaje planeado, pandemia inesperada


El muelle en Londsdale Quay, Vancouver. Foto: Eduardo Berezán

En la ruta planeada, desde Buenos Aires a Estocolmo,  el escritor y periodista Sueco-Argentino Eduardo Berezán se quedó atrapado en un balcón de Vancouver, Canadá,  cerca del mar. Con una foca gris estableció una especie de contacto visual. 

Son las 19 hs. y una sinfonía de aplausos, golpes de cacerolas y otros instrumentos improvisados se adueñan de la  ciudad de Vancouver. Son los vecinos que salen a sus balcones cortando con alegría y entusiasmo, el aire tibio de la incipiente primavera canadiense. Los pocos barcos anclados en el puerto se suman al concierto haciendo sonar sus sirenas, lo mismo ocurre con los carros de bomberos y las bocinas de los automovilistas que transitan la ciudad.  Todo dura apenas un par de minutos, se lleva a cabo todos los días y es para alentar a los médicos y enfermeras que se encuentran en la primera línea de atención contra la pandemia.

Yo también me sumo desde el balcón de casa y constato una y otra vez que todo es relativo y que por esas cosas del viajar me toca estar acá, en el norte de las américas, aunque podría haber estado en Buenos Aires o simplemente en Estocolmo…

Cuando salí de Argentina el 24 de febrero, el virus arrasaba en China pero todavía no había tocado América Latina. En Europa había pocos casos. Italia sobresalía con sus casi 200 contagiados y 7 fallecidos, en Suecia, el virus parecía lejano, lo mismo que en Canadá y EEUU. Pero el tema empezaba a preocupar.

En el aeropuerto de Ezeiza en Buenos Aires, tuve una breve conversación sobre el Covid-19 con el controlador de pasaportes  y le pregunté si no estaban aplicando algún protocolo de seguridad.

-No, acá no pasa nada, me dijo sonriente  y agregó, tenemos un protocolo, pero si lo aplicara mis colegas se reirían de mí…

Recuerdo que cuando me devolvió el pasaporte me desinfecté las manos con la botellita de spray que estaba en su ventanilla…

Ese mismo 24 de febrero el director de la OMS, la Organización Mundial de la Salud, Tedros Adhanom Ghebreyesus, dijo que le preocupaban ”profundamente” los casos en China, Italia, Irán  y Corea del Sur y subrayó que la palabra ’pandemia’ todavía no se ajustaba a los hechos.

Desde el balcón de casa en Vancouver todo eso parece ahora muy lejano. El virus es letal, ya es toda una pandemia y una pesadilla que por ahora no encuentra su final.

Argentina con mano dura

El nuevo presidente de la Argentina, el peronista Alberto Fernández cumplió los primeros cien días al frente de su gobierno de la manera menos pensada. De la noche a la mañana, el pago de la deuda externa bruta de más de 300 mil millones de dólares y el freno a la inflación del 50 por ciento anual, dejaron de estar en su agenda de prioridades y pasaron rápidamente a un segundo plano. La pandemia había tocado a la Argentina y todo había cambiado abruptamente.

Otra balcón, otra vista. La nuestra, en Buenos Aires. Foto: David Isaksson.

Para mediados de marzo y con 30 casos confirmados en el país el presidente Alberto Fernández habló por primera vez por cadena nacional y sostuvo que el Estado es el principal garante para prevenir la expansión del coronavirus.  En situaciones de alarma generalizada, dijo, el rol del Estado es imprescindible para intervenir y dar tranquilidad a la población.

El gobierno dispuso rápidamente la licencia laboral para los mayores de 65 años y horarios de atención específica para ellos en bancos y centros de salud. Se cerraron las fronteras y se cancelaron los vuelos. En una vorágine de decretos se suspendieron eventos culturales y deportivos y se dispuso el cierre de todos los parques nacionales. Para el 20 de marzo, el gobierno anunció una cuarentena total y obligatoria con el objetivo de evitar la propagación del virus. La violación de la cuarentena es un delito que puede concluir con penas de hasta dos años de cárcel. Uno puede hacer compras en comercios cercanos o sacar a pasear a su perro, pero para hacer trayectos más prolongados se necesita una autorización especial.

Mientras escribo estas líneas  la medida sigue en vigencia y se piensa prorrogarla por un mes más. Por otro lado los argentinos deben llevar ahora barbijo cada vez que deban salir  de sus casas. Se trata de barbijos caseros, ya que los quirúrgicos o los mundialmente famosos N95 solo pueden ser utilizados por médicos o enfermeras. 

Sin dudas que el gobierno argentino actuó con rapidez y responsabilidad. Repatrió a un buen número de argentinos varados por el mundo, modificó el presupuesto y otorgó recursos extra para hospitales, jubilados, desocupados y para la pequeña y mediana industria, entre muchos otros. Pero las buenas acciones tienen su contracara. La decisión del gobierno de la ciudad de Buenos Aires de prohibirle la salida de sus casas a los mayores de 70 años, medida apoyada por el gobierno nacional, encontró una resistencia feroz de los ancianos y finalmente debió ser cancelada. 

A pesar de esto, la mano dura de Fernández contra la pandemia le da por ahora un alto rédito político.  Algunas encuestadoras de opinión señalan que el presidente tiene una aprobación del 85 por ciento, algo pocas veces visto en la Argentina. 

Con poco más de 3000 casos confirmados hasta el momento  y más de 160 fallecidos, Argentina parece tener un relativo éxito en su lucha contra el virus pero más allá del triunfalismo gubernamental, las cifras engañan. En la Argentina se hicieron pocos testeos, casi 400 por cada millón de habitantes. En la vecina Chile, con casi 12.000 contagiados y 168 fallecidos,  se llevaron a cabo más de 4000 test por millón de habitantes, unas 15 veces más que en la Argentina. Desde el Ministerio de Salud en Buenos Aires prometen aumentar las pruebas. Cuando lo hagan, las cifras seguramente serán otras …

Brasil al borde del abismo

A diferencia de la Argentina, Brasil padece un liderazgo absolutamente imprevisible y errático y es por otro lado el país de la región más castigado por el virus. Jair Bolsonaro gestiona la pandemia burlándose de los expertos y saboteando diariamente  las normas de protección que impulsan los 27 gobernadores de los diferentes estados de su país.  Como para manifestar su desprecio a las recomendaciones,  hace unos días entró a una panadería de Brasilia, se tomó un café, comió un bocadillo y estrechó las manos de los empleados, mientras afuera una muchedumbre le gritaba con visible enojo que vuelva a su casa…

Bolsonaro rechaza el aislamiento social como método para contener el coronavirus y subraya siempre la necesidad de salvar la economía y el empleo.  El aislamiento daña a la economía suele decir, mientras defiende la reapertura de los comercios y critica a los gobernadores que aplican medidas de contención a la pandemia.

Mientras las cifras de contagios y fallecimientos aumentan dramáticamente, hasta el momento son más de 43.000  los infectados y  2.500 los brasileños muertos, aumentan también las tensiones en el mismo gobierno. Tras innumerables choques y cortocircuitos Bolsonaro terminó echando a su ministro de salud, Luiz Henrique Mandetta que era partidario de fuertes medidas de aislamiento social.  Su salida del gobierno implica más riesgos sanitarios y políticos ya que se cree que Brasil llegará en breve al momento más agudo de la pandemia. 

Bolsonaro es un abanderado de la negación y de la banalización del virus. En un país con más de 200 millones de habitantes el presidente juega políticamente con la vida de cada uno de ellos. “Es una gripe pequeña, apenas un resfriado” es una de sus frases más celebres. 

En su tránsito errático por la pandemia,  el populista Bolsonaro también da giros imprevistos, como cuando reconoció que el virus es el principal desafío de su generación o como cuando aprobó una renta básica de tres meses de duración para 60 millones de trabajadores informales. El Washington Post lo acaba de calificar como el peor líder político del mundo pero el presidente no se inmuta. Volvió a ignorar las recomendaciones sanitarias y en una clara actitud golpista participó de una manifestación en favor de una intervención militar y el cierre del congreso. 

-No queremos negociar nada les gritó a las casi 300 personas que lo aclamaban. 

Mientras la curva de infectados sigue su marcha ascendente y se espera una tragedia, un médico brasileño que atiende a los enfermos en las favelas de Rio de Janeiro, decía a la prensa hace unos días: La verdad es que a estas alturas ya no sé qué es peor, si el virus o Bolsonaro … 

Canadá; la distancia social como mantra

– Los próximos meses van a ser muy duros y hay que tener mucho cuidado, me decía una especialista en infecciones de un hospital de Vancouver a mediados de marzo.  Me hablaba  manteniendo dos metros de distancia y su rostro tenso indicaba mucha preocupación.     

Desde el gobierno se repetía una y otra vez que había que mantener la distancia social para evitar la propagación del virus. Se recomendaba lavarse las manos con jabón y mantenerse conectado con ayuda de la tecnología con amigos y familiares. La consigna de “Stay Home” lo resumía todo.

En algunas provincias la distancia social aparentemente tiene éxito. En British Columbia por ejemplo la curva se aplanó hace un par de semanas. Las autoridades sanitarias dicen que las recomendaciones fueron escuchadas por la población, pero también subrayan que tuvieron algo de suerte.  

En las provincias de Ontario y  Quebec la historia es otra. Los contagios aumentan dramáticamente y representan más de la mitad de los 42.000 casos que hasta ahora registra el país.  En esas provincias, las residencias para ancianos se transformaron en trampas mortales cuando el personal las abandonó por temor al contagio.  La residencia Herron, en Montreal registró 31 muertos en pocos días y  se convirtió en el símbolo trágico de la crisis que golpea a esos establecimientos. La situación se agrava día a día y el gobierno decidió ahora enviar militares a Quebec para ayudar en la lucha contra el virus. En Canadá, como en varios países de Europa, la mitad de las muertes ligadas a lapandemia se registran justamente en residencias para ancianos.  En tanto, mientras las escuelas, los comercios y las industrias no esenciales se mantienen cerradas aparecen problemas con el poderoso vecino del sur.

Con EEUU como en el lejano oeste 

La relación con EEUU es por momentos tensa. La frontera entre ambos países está cerrada desde el pasado 21 de marzo y solo se permiten los transportes considerados esenciales. En los últimos días el presidente, Donald Trump, había insinuado, sin consultar a la contraparte canadiense,  que abriría la frontera. Canadá se negó pero las partes finalmente acordaron mantener el cierre hasta el próximo 20 de mayo. 

En Washington también pensaron mandar tropas a la frontera para impedir el paso ilegal de posibles portadores del virus. Las tropas, unos mil soldados, iban a ser desplegadas a lo largo de los más de 8000 km que separan a los dos países. Ante el estupor canadiense, el gobierno norteamericano no negó la información aunque reconoció que evalúan varias opciones. 

El presidente norteamericano actúa con Canadá como el cowboy malo de una película de Hollywood al que no le importan las consecuencias de sus actos. Hace un par de semanas Trump obligó a  la empresa 3M que fabrica las mascarillas N95, que despachara toda su producción asiática a los EEUU. Con esa decisión dejó a la pacifica Canadá sin los insumos que sus hospitales necesitan con tanta urgencia. Para colmo las N95 se fabrican con materias primas canadienses …

La famosa foca de Vancouver

El sol de la tarde acaricia Vancouver y camino unas cuadras hasta el muelle en Lonsdale Quay. Voy esquivando a la poca gente que está en la calle, manteniendo como puedo, mis dos metros de distancia.  Disfruto como siempre la caminata por el muelle y a unos 35 metros yen el agua,  puedo ver la cabeza inquieta de una foca gris. No es la primera vez que la veo. Desde que comenzó la pandemia, el tránsito de barcos por la ensenada de Burrad  se fue deteniendo, creando una rara y distinta quietud.  Con la foca establecemos una especie de contacto visual.  Por un momento me olvido de la pesadilla que todos vivimos, es solo un momento y es casi mágico …

 Eduardo Berezán   

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